El acceso a la energía no es un privilegio, es un derecho. Sin embargo, lo que estamos viendo en Cuba no es solo una crisis de infraestructura o de combustible, sino una profunda injusticia arraigada en sistemas que niegan a las personas el poder de vivir con dignidad y autodeterminación. Ninguna nación debería estar sometida a políticas extranjeras, presiones políticas o mercados globales volátiles simplemente para poder mantener las luces encendidas. La soberanía energética es esencial para la soberanía humana, y la realidad actual en Cuba pone en evidencia lo frágiles e injustos que pueden ser los sistemas centralizados y dependientes de la importación de combustibles. Zafra Alonso, parte de 350.org en el Caribe, habla sobre cómo es la vida cotidiana durante esta crisis energética y cómo la energía renovable podría marcar la diferencia.
¿Cómo se ve la situación energética hoy y cómo afecta el día a día?
«La situación energética en Cuba pudiera describirse en una palabra: precariedad. Entre nosotros los cubanos existe ahora un pensamiento general compartido: el problema no es solo la inexistencia actual de combustible, sino la ausencia total de esperanzas de que en un futuro cercano se resuelva la situación. Un bloqueo total a la isla por parte de Estados Unidos, que impide la llegada de combustible, junto con una infraestructura energética muy deteriorada, son, a grandes rasgos, dos de las principales causas de esta crisis.
Vivir sin combustible es extremadamente difícil; vivir sin esperanza en un futuro mejor se hace imposible. Los apagones pueden extenderse por más de 24 horas. La electricidad llega apenas unas dos horas y vuelve a irse. En esas pocas horas, todos intentamos cargar teléfonos, cocinar y realizar tareas del hogar, sin importar la hora. Si la corriente llega de madrugada, se siente cómo todo el vecindario se levanta para “adelantar” lo que se pueda.
Los trabajos están cerrados, las escuelas funcionan de manera intermitente, la salud cuenta con servicios casi inexistentes, y el transporte es principalmente privado, escaso y muy caro. Un litro de gasolina cuesta alrededor de 10 dólares al cambio actual, un precio que solo unos pocos privilegiados pueden permitirse, incluso en situaciones de emergencia.»
¿Qué ha cambiado desde la intensificación del bloqueo con la prohibición del envío de petróleo?
«Para Cuba, los cortes eléctricos no son algo nuevo, aunque una situación tan precaria como la actual sí lo es. A raíz del COVID-19, la isla quedó sumida en una profunda crisis económica, con pocos recursos para invertir en infraestructura y menos aliados dispuestos a suministrar combustible. Desde entonces, los apagones han ido en aumento, tanto en frecuencia como en duración, sumándose también varias caídas del Sistema Eléctrico Nacional.
La intensificación del bloqueo ha puesto, por así decirlo, un dedo en la llaga. Todas estas problemáticas se han agravado. Los apagones son más masivos y prolongados, y las caídas del sistema se han vuelto más frecuentes.
Hoy Cuba es descrita como un país fantasma. En una mañana cualquiera, las calles están vacías: no hay niños camino a la escuela, ni trabajadores yendo a sus empleos, ni coches en circulación, ni jóvenes tomando un café en una esquina. Predominan la soledad y una tristeza generalizada.»
¿Qué sería diferente si Cuba contara con su propia energía limpia en lugar de depender de importaciones?
«Contar con energía limpia propia se traduciría en varios cambios importantes. En primer lugar, una mayor estabilidad económica. Cuba ha dependido históricamente del petróleo importado, lo que la hace vulnerable a crisis externas. Con la reciente captura de Nicolás Maduro, y siendo Venezuela el principal proveedor de crudo de la isla, el país ha quedado aún más expuesto.
Con energía propia, Cuba reduciría el gasto en importaciones de combustible, tendría mayor estabilidad frente a las fluctuaciones de precios internacionales y podría invertir en la diversificación de su economía, así como en sectores clave como la salud, la infraestructura y la alimentación.
Actualmente, una pequeña parte de la población ha optado por paneles solares como solución, pero se trata de un grupo muy reducido debido al alto coste de esta tecnología, que además es importada e instalada por empresas privadas. Se necesita una inversión a gran escala que no esté controlada únicamente por unos pocos actores que encarecen los precios.
Por su ubicación y características, Cuba cuenta con varias opciones viables de energía limpia, como la solar, la eólica y la biomasa. Aprovechar estos recursos impulsaría el crecimiento económico, permitiendo una producción industrial más estable, fortaleciendo el turismo (con hoteles sin apagones) y apoyando a pequeños negocios y emprendimientos.
La energía limpia también implica mayor independencia política. Al reducir la dependencia de aliados energéticos, el país ganaría autonomía en sus decisiones internacionales y enfrentaría menos presión geopolítica.
Por último, aunque evidente, no menos importante, el impacto ambiental sería positivo. Menos uso de combustibles fósiles significa menos contaminación, ecosistemas más saludables, menor contribución al cambio climático y una mejora significativa en la calidad de vida del pueblo cubano.»
Foto: Grupo Milenio
En todo el Caribe, este momento exige un camino diferente, uno en el que debemos apostar por energías renovables lideradas por las comunidades como la única alternativa capaz de devolver el poder,literal y políticamente, a las personas. Al invertir en soluciones descentralizadas como la energía solar, eólica y las microrredes comunitarias, Cuba y la región pueden construir resiliencia, protegerse del control externo y asegurar un futuro donde la energía sea estable, accesible y verdaderamente propia.